DOS MÉDICOS PERUANOS EN ANGOLA

Una noche, ambos cogieron sus maletas, sus recuerdos más profundos y sus metas a futuro. Decidieron viajar lejos, muy lejos. Todo ello con el único fin de ayudar.

Demostrando la calidad humana que todo buen médico imprescindiblemente posee, los doctores Marco Manco Morillo y  Maribell Chávez Uceda, egresados de nuestra Escuela Profesional de Medicina Humana, abandonaron su tierra, sus familias, sus costumbres y la relativa comodidad con la que vivían en Lima. Subieron a un avión en el aeropuerto Jorge Chávez y 9, 734.27  km. después llegaron a Lubango, la segunda ciudad más importante de Angola, en África del Sur.

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Con una historia plagada de sangrientas guerras civiles y una actualidad en la cual su economía nacional es de las más bajas de la región, no hace falta mucha imaginación para entender que en Angola, ser médico requiere de talento innato, pero, además, de mucha paciencia, creatividad, rigor académico y, por sobre todo, de amor a la profesión.

Si bien en un inicio la aclimatación a un ambiente tan distinto fue algo complicado, sobre todo por la dificultad del lenguaje – el idioma oficial es el Portugués Angoleño –, ambos lograron salir adelante y rápidamente inauguraron el consultorio médico ‘Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción’,  donde africanos de escasos recursos reciben servicios de fisioterapia y distintas consultas médicas. Así mismo, pueden hacerse exámenes de ecografía obstétrica, o sobre problemas en la zona abdominal, en riñones, próstata, útero, ovarios, trompas, testículos, senos y articulaciones, entre otros. Todo ello, “realizado con  paciencia, amor, fe y la seguridad de que Lubango será pronto un lugar más saludable”, como señala Maribell.

La doctora Uceda destaca la importancia de la fisioterapia, por ser un arte que busca devolverle la sonrisa al paciente. Ella ayuda a mejorar las dolencias que sean consecuencia de enfermedades neurológicas, traumatológicas y reumatológicas. “Los pacientes que son tratados con fisioterapia pueden retornar a su estado normal y mejorar su calidad de vida, dependiendo del tipo de dolencia. Lo importante es tratarlo integralmente, conocer a su familia, su entorno”, aclara.

Por su parte, Marco señala que el apoyo tecnológico con el que cuentan es vital para el éxito de las intervenciones. En ese sentido, los neurotransmisores eléctricos, las compresoras calientes y frías, los rayos infrarojos, los ultrasonidos y las bicicletas terapéuticas colaboran efectivamente con una pronta mejoría. Así se realizan lecturas de resonancia magnética, tomografía computarizada (TAC), Rayos X, dolencias vasculares, reumatológicas, cardiovasculares, artritis, secuelas de fracturas, meningitis, entre otras enfermedades que podrían haber obligado al paciente a viajar al exterior, pero que hoy pueden atenderse en su Lubango natal.

A manera de anécdota, la cual describe casi a la perfección el día a día de los médicos peruanos, Marco cuenta como recientemente dos niños huérfanos de la Aldea S.O.S de Lubango, quienes al momento de nacer no tuvieron suficiente oxígeno en el cerebro del feto, dañando sus neuronas, llegaron a atenderse y hoy ya están mucho mejor.

“Uno de ellos no conseguía andar ni hablar. El otro no podía mover uno de sus brazos. El primero estuvo bajo cuidados médicos desde hace aproximadamente dos semanas y ya se pueden ver mejorías en su salud. Ahora ya puede abrir las manos, mover los brazos y también mover un poco las piernas. El otro consigue fácilmente mover los dedos. Es hermoso verlos así”, indica el galeno de la UPSJB.

 

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